II JUEGOS DEPORTIVOS PARA TRANSPLANTADOS RÍO CUARTO 2005
¡VIVIR!
¡VIVIR!
©Un día de ésos, en una consulta de rutina local, mi médico personal, Doctor Hugo, hombre a quién aprecio por su sinceridad y su gran conocimiento me dice: “Miguel, a vos lo único que te va a salvar es un transplante”... ¡Casi nada!... ¡Un transplante!... Pero era tal el grado de deterioro que ni me sorprendió, ni me asustó. Al contrario, me renovó la esperanza que ya estaba perdiendo.
©Hoy, cuando lo pienso se me hace más evidente que prácticamente estaba ya entregado, sin aliento; me encontraba agotado en mi larga lucha con mi enfermedad declarada en 1977 con un infarto agudo del miocardio cuando sólo tenía 36 años. Nueve años más tarde, 1986, un segundo infarto me puso al borde de mi existencia.
©Mucha agua había pasado bajo los puentes..., y habría de pasar mucha más.
©Con poco entusiasmo, comencé a peregrinar: primero la posibilidad, y luego rehabilitarme psicológicamente para darme fuerza y esperanza. “La esperanza es un sueño despierto” dijo alguna vez Aristóteles...., entonces comencé a soñar despierto.
©Quizás..., si fuera posible..., tal vez..., ¿podría ser?, ¿llegaría a tiempo? Cuantas preguntas sin respuestas..., cuantas ilusiones comienza uno a forjar.
©Para ese entonces yo era un apasionado navegante a vela en agua dulce (lo sigo siendo), sólo que navegaba más leyendo libros y revistas sobre el tema que en mi pequeño velero anclado en Embalse del Río Tercero (Cba), (llamado “By-Pass” por supuesto).-
©Llegó octubre de 1995 y con él la prueba de la verdad: Una semana internado confirmaría si podía o no acceder al transplante. Para ello se debe estar sano en el resto del cuerpo y mentalmente apto para recibirlo. Decenas de análisis, pruebas, estudios, charlas con médicos y psicólogos, cinecoronariografías, cámara gamma, consultas, etc., todo vale para este tipo de determinación. El viernes terminó la semana, volví a mi hotel y el lunes 13 de octubre me muestran un papel y me dicen: “Ya está UD. inscripto en la lista de espera del INCUCAI” (Instituto Nacional Central Único de Ablación e Implante). A estas listas, le llamaríamos tiempo después, la lista de la angustia. Todavía conservo aquel papel: era la inscripción tan buscada. Había logrado dar el primer paso. Por más largo que sea el camino, siempre se empieza dando el primer paso.-
©Entonces, siguiendo un viejo refrán marino “Si no puedes modificar la dirección del viento, corrige tus velas”, comencé otra vida. Recordé la oración, regresé a Cristo, me propuse caminar lo más que pudiera todos los días, y de una o dos cuadras que logra-ba hacer al principio, llegué a caminar más de veinte. Cansado, muy dolorido, exhausto, pero cada día con más fe. No obstante, en los estudios y consultas semanales a los que era sometido no se reflejaban grandes progresos. Entre las prácticas médicas se encontraban charlas en grupos con pacientes en espera y con transplantados. Aprendimos a sentirnos unidos por ese sentimiento de pertenencia, de solidaridad, nos apoyábamos unos a otros..., y lógicamente, comencé a ver operativos de transplante: impresionantes por la diversidad de cuestiones a resolver, por la cantidad de gente que involucran (40 o más personas, la mayoría profesionales), por la rigurosa eficacia y profesionalidad. Las cirugías, las alegrías del grupo de pre-transplantes que festejábamos como propios los buenos resultados, y también las enormes tristezas y angustias de aquellos compañeros que no lograban pasar la última prueba, la definitiva, donde el primer premio era nada más que la vida, y el segundo premio, no esperar ni sufrir más la angustia de la espera.-
©Aprendimos a vivir día a día, haciendo planes para el día o a lo sumo la semana siguiente, no más allá. Esos días eran un regalo del cielo, y así los vivíamos sin miedos, rogando por el pronto milagro..., y el milagro llegó.
©El día 7 de junio había ido al Hospital a visitar a un amigo transplantado hacía una semana. Eran las 18:oo hs. y me encontré con la ingrata noticia de que mi compañero de angustias no había logrado ganar el primer premio. Volví consternado al hotel y pensando en él. Para colmo de males, mi esposa había regresado a mi pueblo por unos días y me encontraba solo. Me preparaba para ir a cenar cuando sonó el teléfono, y Silvia, la Licenciada Coordinadora de transplantes, me preguntó como me sentía por lo que había pasado. No alcancé a decirle que estaba bien aunque triste y con la pena de haber perdido a un amigo, cuando interrumpiéndome pregunta: “¿has cenado ya?”
©No, estaba por hacerlo respondí. “Bueno, no comas nada y venite al hospital con tu esposa dentro de una hora. Hay un operativo y es para vos. Esta vez es seguro (ya antes me había llamado dos veces y los operativos se frustraron)” Cuando le comenté que estaba solo, me dijo que me acompañara Mario, otro paciente que también estaba en la lista, y vivía en el mismo hotel.- A las 21:30 hs. muy tranquilos, tomamos el micro ómnibus que nos llevó hasta el hospital donde me informaron un poco más: Había un potencial donante de 29 años al que le estaban haciendo los análisis, encefalografías, cross-macht, etc. que coincidía con mi peso e histocompatibilidad.- Ya con todo el cuerpo rasurado, bañado en una solución aséptica, apenas cubierto con un camisolín y en la camilla que me llevaría a mi destino, a la hora cero (¡nunca más oportuna!) se acerca Guillermo, mi médico coordinador, y me desliza al oído : “Me voy a Pergamino (una ciudad de la provincia de Buenos Aires) a buscar tu corazón” ... Al poco rato, sin que me inyectaran o administraran sedantes de ninguna especie, simplemente me quedé dormido.
©Cuando desperté estaba en “la burbuja”, una pequeña habitación especialmente equipada y completamente aislada que ya conocía por haberla visto antes. Sonreí para mis adentros y me dije “Todavía no me quiere allá“ Tenía puesto un par de agujas en los brazos y los electrodos de un electrocardiógrafo cuyo rítmico bip...bip..., me pareció la más hermosa melodía jamás escuchada. Nada más. Ni tubos de drenaje, ni oxígeno, ni respirador mecánico, nada ; sólo una leve venda que me cubría el pecho y la abso-luta sensación de bienestar, sin dolor, ni dificultad alguna.
©La enfermera - que estaba detrás de una ventana de vidrio fijo, en una habitación contigua - notó que había despertado y luego de vestirse con ropas esterilizadas y descartables, vino a verme. ¿Como se siente? preguntó - “No lo sé..., bien supongo, no siento nada” le respondí. Eran las 12:30 hs. y hacía tres horas que estaba en la burbuja. La operación había comenzado a las 6:oo terminando a las 9:30 hs ¡increíble! Luego vino a verme Guillermo, mi médico, que después de contarme como había sido el transplante, me dice: “Mira quién está aquí” señalándome la ventana de vidrio fijo. Detrás de ella y a unos dos metros había una puerta por la que se accedía a la salita de control y que a su vez tenía una pequeña abertura con vidrio en la parte media superior; detrás de ella mi esposa y mi hija que sonriendo y llorando agitaban sus manos. Podrían verme y hacer señas, pero no ingresar. Todos, sin excepción, médicos, enfermeras, personal técnico podía entrar sólo si vestían esas prendas especiales que sólo le dejaban los ojos al descubierto.-
©Por algunas complicaciones posteriores (infección en la base del pulmón derecho, inmovilización intestinal, etc.) debí permanecer trece días en la pequeña sala cuando lo habitual, si todo salía bien, hubieran sido sólo tres días. Después, estuve una semana más en una habitación común, junto con “Paco” Sanchez, otro paciente transplantado hacía sólo tres días, y que no pudo estar en la burbuja porque estaba yo.
©En esos veinte días, cuando la euforia había ya amainado y la melancolía se hacía dueña de mis sueños, tuve tiempo y oportunidad de pensar mucho, muchísimo, y rela-cionar el misterioso milagro de la vida; reflexionar sobre “mi antes” y hacer proyectos sobre “mi después”. Ahora sí podía pensar en un futuro. Ahora sí, en serio, comenzaba una nueva vida.-
©Mi nuevo corazón no era mío, sólo lo compartía gracias al coraje y al descomunal gesto solidario de un joven hombre de veintinueve años que quiso prolongar su existencia en otros que jamás conocería, y vivir juntos donante y receptor, una extraordinaria aventura donde el principal protagonista sería la VIDA, única e irreemplazable. ¡¡¡Que lección Señor!!! ..., ¿estaré yo a su altura?.., ¿llegaré a ser merecedor de su bondad?
©Hoy, ya he cumplido sesenta y cuatro años de edad y ya han pasado casi diez años de aquel momento extraordinario, de aquella primera experiencia. Me repuse con bastante dificultad; debí aprender a caminar de nuevo; y aún continúo aprendiendo algo nuevo todos los días.
©Mi vida no es la misma de antes..., ¡¿cómo podría serlo?! Realmente jamás podría ser igual. Mis sentimientos han cambiado, soy más sensible a las cosas familiares, amo más la vida en todas sus formas, creo comprender mejor lo esencial del ser humano, de sus miserias y de sus necesidades; sufro más las injusticias de siempre, la pobreza instalada en nuestro pueblo, disfruto de lo natural y pude volver a practicar los deportes favoritos de mi niñez y adolescencia.-
©A instancias de mi médico volví también a participar de eventos deportivos que me han llevado a límites que no podría ni siquiera haber imaginado jamás: Desde una simple caminata aeróbica de 3,700 Km. durante el maratón Adidas de Buenos Aires a los cinco meses y medio del transplante, pasando por otra de 5,ooo Km. a los pocos días durante la edición de los Primeros Juegos Argentinos para Transplantados 1996, hasta ¡¡¡ participar en natación de tres mundiales!!! (Australia ‘97, Hungría ’98 y Japón ’01) Como ven, sigo soñando despierto –
© Esta es la esperanza de la vida hecha realidad.
©Nací en 1941, cuando Europa se debatía en la peor de tantas guerras sin sentido, cuando en Argentina y en vastas regiones de nuestra sufrida América del Sur aún se utilizaba la radio a galena (¿que es eso? se preguntarán los jóvenes) mientras que sólo los ricos podían disponer de las típicas radios de Onda larga y de Onda Corta que llamaban “capillitas” por su forma exterior, a válvulas “doradas” que debían calentar antes de comenzar a escuchar “las ondas del éter”. Era un niñito de escasos años cuando se comenzó a utilizar masivamente (en la guerra) la Penicilina inventada por Fleming, que salvaría millones de vidas en el mundo entero; presencié el nacimiento de los aviones a reacción que entonces llamábamos “aeroplanos a chorro”, conocí personalmente el Pulqui I (primer avión a reacción concebido y construido en América Latina). No podía creer el lanzamiento del “Sputnik” el primer satélite enviado por el hombre al espacio con la perrita Laika a bordo; luego el primer viaje del hombre a la luna con Neil Amstrong dando ”un pequeño paso para el hombre, pero inmenso para la humanidad” ... ¡¡¡Dios mío!!! ¡que época me ha tocado vivir! Hoy, la alta tecnología con televisión digital estereofónica con millones de colores por satélite, supercomputadoras, rayo láser, motores a hidrógeno, ultraturbinas, y ahora la tecnología de las células madre…, todo resulta más fácil de entender e incluso de aceptar...., pero ¿vivir con un corazón de otro ser humano? Ni Julio Verne lo soñó. Los transplantes de órganos, cualquiera sean éstos, son sin duda alguna, y así lo ha reconocido la ciencia, el mayor acontecimiento médico-científico más importante del siglo XX acompañado por la alta biotecnología alcanzada.-
©Cuando recuerdo los largos y penosos años que trascurrieron desde que sufrí el primer infarto de miocardio y el segundo a los nueve años del primero, años en los que prácticamente me arrastraba por la vida, alternados con algunos escasos y buenos períodos que me brindaron primero la angioplastia y luego los tres “by-pass” coronarios, ambos efímeros, los innumerables estudios e internaciones, la incapacidad de trabajar, las etapas depresivas..., todo cuando más falta hacía en la educación y ejemplo de mis hijos, no puedo dejar de pensar en mi donante, en el agradecimiento y en lo que debo hacer para intentar devolver no ya a él por que me es imposible, sino a la comunidad, todo lo que he recibido, toda una vida. ¿Como se paga esto?
©Lo que he vivido en estos nueve años ha sido lo mejor de mi vida personal. Pude ver crecer a mis hijos y planeamos juntos el futuro que les depara. ¿Hubiera sido igual si Patricio - el dueño de mi corazón - no hubiese deseado ser donante de vida?
© Cuando era joven, adolescente, uno de mis sueños era viajar por el mundo para conocer otras culturas y civilizaciones. Las circunstancias que rodearon mi adultez no permitían ni siquiera pensar en recorrer algunas regiones de mi país por que eran tierras muy altas, o tierras muy frías, o tierras muy lejanas.
© Patricio me dio todo eso y mucho, muchísimo más. Me dio la salud, renovó mi Fe cristiana, estuve al lado de mi familia cuando hizo falta, reconocí la esencia del ser humano, conocí la amistad verdadera, aquella que se brinda en los peores momentos y comparte los mejores con la sana alegría de saberse digno. Y también posibilitó que conociera el mundo, donde aprendí que existen miles, centenares de miles de seres humanos que como yo, han pasado por esta misma situación, y que saben, como hoy también lo siento, que aún cuento con un horizonte que no alcanzo a vislumbrar sus confines por su inmensidad. Horizonte que no sólo es físico, sino espíritu e intelectual.-
© La ciencia ha logrado develar los misterios del ADN, y con ello, se logrará hacer realidad las fantasías jamás imaginadas. Recién están abriendo la puerta de estas experiencias y ya están reparando órganos por medio de las células progenitoras hematopoyéticas (CPH o células madre), creando tejidos naturales, y quizás - por que no - curar el cáncer. Es entonces cuando me pregunto que nos deparará este nuevo milenio que recién hemos comenzado a transitar: ¿Aprenderán los gobernantes y sus pueblos a vivir en paz, sin odios, sin enfermedades, sin pobreza y sin hambre?
© Si ha sido el transplante de mi corazón, con todo lo que ha involucrado, lo que me ha llevado a profundizar mis sentimientos y a sentirme realmente humano, ojalá todo el mundo pueda llegar a transplantarse, aún aquellos que no lo precisen.
© Gracias Señor por esta vida nueva; Gracias “Amigo Sin Rostro” que me distes tu corazón sin nada preguntar; Gracias Ciencia por lograr lo imposible.
© “Sólo se fracasa si se deja de intentar” Inténtalo. Cuando debas abandonar el mundo en que vives hoy, piensa en otros, y da vida a quién no conoces y necesita.
“Os daré un corazón nuevo
y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros,
Quitaré de vosotros el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.
Ezequiel 36:26
Los transplantes..., todos los transplantes,
son cosa del corazón.
Donar Órganos: Un compromiso con la vida

